En cuanto se puso la mochila a la espalda se transformo, tomo conciencia de lo que iba a hacer y emprendió el camino. No quiso que nadie la acompañara además se puso un reto mayor, no llevar dinero, ganarse la comida y el alojamiento con su trabajo y esfuerzo o pidiendo limosna si llegara el caso... Se lanzo al camino sin prisa, ávida de respuestas y llena de preguntas. No sabía muy bien el porqué de todo esto pero esperaba averiguarlo.
Comenzó su andadura desde tierras de Roncesvalles, saboreando los arboles, disfrutando de los puentes y el agua de los ríos, del canto de las aves y del color del cielo que veces amanecía vestido de azul y otras de gris oscuro, pero siempre sintiéndose privilegiada por estar ahí. El camino te enseña que no es lo que tienes sino lo que eres y lo que eres capaz de sentir con todo lo que hay a tu alrededor. Sentir la vida del Camino en los pies en la mirada de otro peregrino, disfrutar de la charla llena de anécdotas con los doloridos pies sumergidos en un rio mientras se enfrían. Recibir, dar. Aprender a hablar con nosotros mismos y ser capaces de entendernos. Aprender a sentir y a no sentir.
Caminaba por la senda marcada para los peregrinos en tierras castellanas cuando de pronto entre los matorrales que acompañaban al camino apareció un perro negro. El se la quedo mirando durante largo rato y no hizo caso de las palabras cariñosas que ella le decía. No se acerco. Esstrella decepcionada siguió caminando. El perro se acerco varias veces más pero nunca dejo que lo tocara. Esa noche durmió a la intemperie, cerca de un refugio de pastores que estaba medio en ruinas. Durmió tranquila porque sabía que su nuevo compañero ladraría si alguien se acercaba. Al día siguiente Esstrella dejo un poquito de su desayuno en el suelo para que su amigo comiese también. Y así pueblo a pueblo siguió caminando aunque no del todo sola ya que su amigo se dejaba ver de vez en cuando.
Un día llego a un pueblecito de la montaña leonesa y como ya era costumbre en ella se dirigió a un bar a ofrecer sus servicios y preguntar si sabían de alguien que pudiera necesitarlos a cambio de comida o cobijo para pasar la noche. Lo mismo ayudaba en el bar, planchaba ropa que ayudaba a descolgar cortinas y pintar paredes. Pero cuando todo esto fallaba su plan era contar historias en el bar por el módico precio de la voluntad .Pero esta vez, como otras muchas, nadie parecía requerir de ellos a sí que pidió permiso para contar una historia y sacar unas monedas.
“
Hace muchos pero que muchos años, cuando los peregrinos que hacían el camino lo hacían con una buena bolsa o ganándose el pan con el sudor de su frente. Había un matrimonio gallego que por circunstancias de la vida tuvo que emigrar lejos de su tierra natal. La pareja estaba tardando mucho en tener hijos a sí que un buen día le pidieron a su santo Santiago que les concediera uno. Casualidades o deseo concedido el niño llego y en agradecimiento el hombre de la casa decidió ir en persona a Santiago a darle las gracias. El hombre pasó por pueblos ganándose comida y cobijo a fuerza de trabajar unas veces en una cosa y otras en otra.
Un buen día llego a un pueblo donde después de ofrecer sus servicios, el alcalde le contrato para que le ayudara a terminar una bodega que estaba haciendo. Era un trabajo largo pero a el no le asustaba. Durante el tiempo que trabajo en esa bodega la hija del alcalde se enamoro de él y le hizo proposiciones pero él la rechazo por que era padre y marido. La muchacha despechada se quiso vengar de él y escondió entre las cosas del peregrino una copa de plata y piedras preciosas que su padre tenía mucho aprecio ya que había pasado de generación en generación. El padre en cuanto se dio cuenta de su falta llamo a la guardia real y cuando esta llego lo primero que hizo fue registrar toda la hacienda hasta que la encontraron. Se llevaron al peregrino, lo juzgaron y el veredicto fue de culpable, colgándolo de un árbol a las afueras del pueblo mientras el gritaba que era inocente y que algún día se sabría la verdad”.
La gente del bar quedo encantada cuando Esstella termino su relato y mientras recogía sus cosas se la acerco el cura del pueblo y la ofreció un lugar donde dormir. Ella acepto. Por el camino el cura la pregunto que donde había oído la historia que había contado y ella le dijo sonriendo:
- Me la invente a raíz de encontrarme con un perro negro que me ha estado acompañando durante varios días. Nunca se deja tocar pero yo se que está ahí y me da confianza.






